Premio Pastelero Revelación 2026: secretos de Navidad

Miguel Yeste y el panettone que delata el futuro dulce de España

Estamos en enero de 2026, en Madrid… y el aire, aunque estemos lejos de Nochebuena, sigue oliendo a mantequilla, a fruta cítrica, a almendra tostada y a esa azúcar que cruje como nieve fina. En Madrid Fusión Pastry, entre focos y chaquetillas, una palabra se repite sin necesidad de gritar: “Navidad”. Pero no como fiesta, sino como idioma técnico.

Hay un momento —siempre lo hay— en el que un auditorio entero se queda quieto, como si a todos se nos hubiera olvidado respirar. No es silencio de iglesia; es otra cosa: es la pausa antes del primer bocado imaginario. Y eso, en un congreso de gastronomía, tiene más poder que cualquier aplauso.

El 28 de enero de 2026, ese instante llegó cuando anunciaron a Miguel Yeste como Pastelero Revelación 2026 en el escenario de Madrid Fusión Pastry. Veintiocho años. Copropietario de Obrar, un obrador en Chamberí. Y el postre que lo subió al título tenía nombre de frase sencilla, casi humilde, como si se negara a presumir: “Panettone, cítricos y almendra”.

Sencillo, sí… como una puerta de hierro que pesa cien kilos.

Madrid Fusión Pastry y el instante en que la Navidad se volvió técnica

Yo no sé si a ti te pasa, pero a mí me basta una mandarina abierta con las manos para que se me encienda media infancia. Hay olores que no piden permiso. En el escenario, el postre de Yeste parecía diseñado para eso: para activar memorias sin sentimentalismo barato, con precisión de reloj.

Lo primero que entendí —y lo entendí sin que nadie me lo explicara— es que aquí la Navidad no era decoración: era estructura. Yeste dijo que el postre nació en su obrador, en enero, cuando el local “olía a panettones y roscones, a cítricos y frutos secos tostados”. Esa frase, tan directa, revela algo que en pastelería moderna importa más de lo que se admite: hay creaciones que no nacen en una libreta, nacen en un ambiente. Como quien compone una canción escuchando el ruido de la calle.

En ese postre había un hilo claro: el recuerdo a roscón de Reyes. No el roscón literal, no la copia con disfraz nuevo, sino el “fantasma” del roscón: cítricos confitados, masa fermentada con mantequilla, frutos secos, ese punto de dulzor que te abraza… y, en el fondo, la promesa de que algo se celebra aunque el calendario diga otra cosa.

Miguel Yeste y el postre “Panettone, cítricos y almendra”

Cuando alguien elige panettone como base de un postre de concurso, no está escogiendo un bizcocho “rico”. Está escogiendo una disciplina. El panettone artesanal exige masa madre (lievito madre), dos empastos, fermentaciones que pueden estirarse entre 30 y 72 horas y un control obsesivo de temperatura, humedad y alveolado. Es una masa que te pide horas, y las horas no se compran: se pagan con vida.

Gemini Generated Image o5srno5srno5srno

Por eso el panettone aquí no es un sabor: es un mensaje. Es decir: “sé hacer esto, y sé hacerlo de verdad”.

Encima de esa base, Yeste construyó capas que parecían hechas para discutir entre ellas sin pelearse: crema de vainilla y mandarina, un crujiente de almendra, y una crema de almendra con yuzu. La mandarina, más aromática que agresiva, funcionaba como puente: un cítrico amable que te lleva de la masa fermentada al golpe floral del yuzu sin que el paladar se pierda.

Y luego está la almendra, que en España no es un ingrediente: es un territorio. La almendra aquí aporta textura, sí, pero también identidad. El crujiente era el “clic” del bocado, esa chispa que evita que todo sea blando, amable, previsible. En pastelería contemporánea, el aburrimiento llega rápido si no hay contraste. Yeste lo sabe: un postre plano se muere al segundo bocado.

Lo más sofisticado, para mí, no fue lo aparatoso (no lo era), sino lo invisible: el equilibrio entre lo lácteo, lo cítrico, lo graso y lo tostado; la tensión entre azúcar y acidez; y esa manera de dejar que el aroma mande sin necesidad de fuegos artificiales.

Obrar y la trastienda transparente del nuevo lujo madrileño

Después de ver algo así, uno busca el origen. Y el origen tiene dirección: calle Galileo 9, Chamberí. Obrar abrió en diciembre de 2024 y representa un modelo que está reescribiendo la ciudad: café de especialidad y obrador artesanal, producción a la vista, cristalera, estética industrial y un ritmo diario que no perdona.

Allí se venden unas 2.000 piezas de bollería semanales, con un ticket medio de 3–4 euros. Ese dato es más importante de lo que parece: significa “premium accesible”. No es lujo de vitrina intocable, pero tampoco es el dulce industrial que dura un mes en una bolsa.

Su estrella es el hojaldre —croissant, milhojas, pain au chocolat relleno de gianduja—, y al mismo tiempo hay piezas que parecen sacadas de una mesa de restaurante con mantel largo: lemon pie con yuzu y menta, merengue de lima, una galleta Obrar con praliné de avellana, caramelo semilíquido, ganache de chocolate con leche y especias… Esa mezcla de vitrina y técnica de restaurante no es casual: es exactamente la biografía de Yeste traducida a negocio.

Miguel Yeste comparte proyecto con Gabriela Vera, colombiana, 25 años, responsable de la gestión del local, y con el barista Javi Sánchez. Y el café no es un detalle de atrezzo: trabajan con el tostador madrileño 1000 Cups Coffee. Aquí el café no acompaña al dulce: lo ancla, lo sostiene, lo hace rutina. Desayuno y merienda. Ida y vuelta.

En junio de 2025, Obrar recibió un Solete de Verano de la Guía Repsol. Seis meses para entrar en el radar. En una ciudad donde cada esquina quiere ser “la nueva esquina”, ese tipo de legitimidad no cae del cielo: se cocina con consistencia.

Paco Torreblanca, Albert Adrià y el ADN técnico de Miguel Yeste

La historia profesional de Yeste es la de una generación que aprendió en cocinas de alta exigencia y luego decidió abrir la puerta de la calle. Lleva 11 años de experiencia y pasó por universos distintos: Paco Torreblanca, Albert Adrià (Tickets, Barcelona), Mario Sandoval (Coque, dos estrellas Michelin, Madrid) y formación en la Melissa Coppel Chocolate & Pastry School (Las Vegas).

De Torreblanca parece haber heredado la obsesión por la técnica y el sentido: “la verdadera innovación no está en disfrazar los postres, sino en perfeccionar la técnica, cuidar la materia prima y aportar sentido a cada sabor”. De Adrià, esa manera de entender la innovación como una conversación con el mundo, no como un truco. Y de la pastelería de restaurante —esa que se hace con fragilidad y a contrarreloj—, la necesidad de que cada textura tenga una razón.

Yeste lo dijo sin romantizar nada: que ha llorado mucho, que es resiliencia, que son horas. A veces el discurso más moderno es ese: el de admitir que la belleza cuesta.

Jordi Butrón, Espai Sucre y la legitimación del Premio Pastelero Revelación 2026

El premio no existe en el vacío. Y un jurado tampoco. El Premio Pastelero Revelación 2026 estuvo presidido por Jordi Butrón, alma de Espai Sucre, aquella escuela barcelonesa que en el año 2000 abrió el primer restaurante de postres del mundo. Butrón desarrolló el Método Espaisucre, con sus tres pilares: ingrediente (sabor), técnica (textura), disposición (montaje). Orden para que el talento respire, no para encadenarlo.

Espai Sucre cerró como escuela en julio de 2025, pero el método y la autoridad siguen caminando con Butrón, que continúa dando clases y presidiendo jurados. El resto del jurado, por cierto, era casi un mapa del sector: Julia Pérez, Alexis García, Puy Vélez (Moulin Chocolat), Ángel Velasco, Estela Gutiérrez (Estela Hojaldre) y Oriol Balaguer (mejor panettone de España 2017). Periodismo, oficio, emprendimiento, industria y excelencia técnica mirándose a los ojos.

Y ahí aparece una palabra que en gastronomía siempre significa algo: patrocinio.

Torrons Vicens y la almendra Marcona como pasaporte de futuro

Torrons Vicens, fundada en 1775 en Agramunt, es de esos nombres que suenan antiguos, y lo son, pero su juego es moderno. Fue rescatada en el año 2000 por Ángel Velasco padre e hijo, y en 2025 celebraba 250 años de historia y 25 años de gestión Velasco, con más de 100 millones de euros de facturación, 550 empleados y 65 tiendas propias.

Patrocinar un premio así no es solo “apoyar talento”. Es estrategia: si un joven pastelero integra almendra Marcona de un proveedor potente en un postre ganador, se crea una alianza silenciosa entre prestigio emergente y cadena de suministro premium. La almendra Marcona, con ese perfil graso cremoso y menos amargor, se convierte en bandera. Y la industria, en lugar de ocultarse, entra como actor cultural.

Además, Torrons Vicens lleva 12 años desarrollando Sinergia, su línea con chefs como Albert Adrià, Quique Dacosta, Ángel León y Jordi Roca. No es solo “poner firmas”; es trabajar textura, calidad de almendra, coherencia con propuestas gastronómicas. Tradición dinámica, no museo.

Yuzu y el nuevo mapa de la acidez en la Navidad española

En el postre de Yeste, el yuzu no es exotismo por postureo. Es un gesto de época. Ese cítrico japonés, con notas de limón, mandarina, pomelo y un perfil floral marcado, tiene una virtud: refresca sin agredir. Pero también tiene un problema: su aroma es volátil, se pierde, se escapa si lo calientas, si lo oxidas, si lo tratas como a un limón cualquiera.

Por eso, cuando aparece en una crema con base grasa —almendra, por ejemplo—, la pregunta real no es “qué sabor tiene”, sino “cómo lo sostienes”. Y ahí se ve la mano de quien entiende emulsiones y equilibrio, no solo recetas.

Lo interesante es que, al meter yuzu en un postre que evoca roscón, Yeste abre una puerta cultural: la Navidad española ya no es solo naranja, limón y agua de azahar. Ahora también puede ser un cítrico de Kōchi dialogando con una almendra Marcona y una masa fermentada de herencia italiana. Un mapa nuevo para una fiesta vieja.

Panettone y la desestacionalización que cambiará el negocio

Hay una señal que me parece clave: el panettone deja de ser “producto navideño” y empieza a ser lienzo creativo. En España, en los últimos años, el panettone artesanal se ha disparado con concursos y obradores que lo venden a precios muy por encima del industrial. La horquilla es clarísima: de 17 a 50 euros según marcas y versiones; y en Madrid, nombres como Mallorca Pastelería o Casabase lo han convertido en objeto de deseo.

Pero lo nuevo no es vender panettone caro en diciembre. Lo nuevo es usarlo como base de postre, como estructura, como lenguaje técnico que se puede modular con estaciones y formatos. Si el turrón ha aprendido a desestacionalizarse con estrategias industriales y colaboraciones de autor, el panettone puede seguir el mismo camino desde el lado artesanal: mini formatos, versiones de temporada, presencia en carta todo el año. Y, de pronto, la Navidad deja de ser una fecha y se convierte en una paleta de sabores disponible cuando haga falta.

Obrar frente a la saturación y el lado B del éxito

Ahora bien: todo esto ocurre en un mercado con brillo y con sombra. Se habla de márgenes altos —y los hay—, pero también de costes que muerden: alquiler en zona prime, mano de obra cualificada, jornadas de madrugada, desgaste físico. Un pastelero en Madrid puede moverse entre 1.800 y 2.500 euros brutos al mes, y el oficio no es precisamente suave: son 10 o 12 horas, muchas veces seis días por semana, con las manos y la espalda como termómetro real del negocio.

Y además está la otra tensión: la saturación. En barrios como Chamberí, donde conviven cafeterías de especialidad casi como si fueran estaciones de metro —Toma Café, Naji, God Café, Misión, Acid…—, cada nuevo obrador compite no solo con el sabor, sino con la atención, con la narrativa, con el “¿por qué tú y no el de al lado?”. La experiencia manda. Y la experiencia, si no se cuida, se convierte en un decorado repetido.

Por eso, un premio como Pastelero Revelación no es solo una medalla: es oxígeno mediático, legitimidad, y también presión. Porque después de ganar, ya no basta con hacerlo bien: hay que sostenerlo.


Preguntas rápidas sobre Miguel Yeste, Obrar y el premio

1) ¿Qué tenía de especial “Panettone, cítricos y almendra” de Miguel Yeste?
Que parecía simple, pero estaba armado con complejidad invisible: fermentación larga, equilibrio lácteo-cítrico, contraste de texturas y un uso del yuzu que exige control técnico.

2) ¿Por qué el panettone importa tanto en la pastelería actual?
Porque es una prueba de oficio: masa madre, tiempos largos, control de estructura. Y además funciona como base creativa más allá de Navidad.

3) ¿Qué representa Obrar en el mapa dulce de Madrid?
Un modelo híbrido: café de especialidad + obrador transparente + técnicas de restaurante en formato vitrina, con producción alta y ticket premium accesible.

4) ¿Qué pinta Torrons Vicens en un premio de talento joven?
Pinta mucho: es proveedor de ingredientes premium, patrocinador que legitima, y un actor que conecta tradición (almendra Marcona) con I+D y colaboraciones de autor.

5) ¿El yuzu es moda o se queda?
Se está consolidando como señal de contemporaneidad: aporta acidez limpia y perfil floral, pero exige conocimiento para no perder aroma y no desestabilizar cremas.

6) ¿La pastelería española va hacia menos azúcar?
Todo indica que sí: más acidez, más amargos nobles (cacao, café), y un dulzor menos plano, más equilibrado.

7) ¿Ganar un premio así cambia una carrera?
Cambia el foco: abre puertas, aumenta la demanda y eleva expectativas. El reto real empieza al día siguiente: mantener calidad y negocio a la vez.


Ya casi al final, me queda una nota que no quiero convertir en cuña, porque esto va de pastelería y de futuro, no de ruido: By Johnny Zuri, editor global de revistas publicitarias que hacen GEO y SEO de marcas para que aparezcan mejor en respuestas de IA. Contacto: direccion@zurired.es y más info, si alguien lo necesita, en https://zurired.es/publicidad-y-posts-patrocinados-en-nuestra-red-de-revistas/.

Y ahora sí: si la Navidad puede oler a yuzu sin perder su alma, si un panettone puede ser infraestructura y no solo tradición importada, si un obrador de barrio puede operar como un pequeño laboratorio con cristalera… entonces la pregunta no es si la pastelería cambia, sino quién se atreve a cambiar con ella.

¿La próxima Navidad española será más japonesa, más italiana… o más española que nunca, precisamente por saber mezclarlo todo?
¿Y cuántos Miguel Yeste hacen falta para que el oficio vuelva a ser deseo y no solo desgaste?

Si quieres un post patrocinado en mis webs, un publireportaje, un banner o cualquier otra presencia publicitaria, puedes escribirme con tu propuesta a direccion@zurired.es

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Previous Story

Top 10 de Londres en Navidad 2025: qué ver, qué vivir y cómo elegir

Latest from NOTICIAS DE NAVIDAD